La práctica hace al maestro

Desde el blog de Literautas, tienen multitud de recursos para seguir practicando esta afición. Desde ejercicios en los que colaboras directamente con otros escritores, leyendo sus relatos y publicando los tuyos, hasta consejos realmente imprescindibles a la hora de escribir una novela. En Goodreads han creado un grupo donde poder compartir esos ejercicios, una iniciativa genial cuando quieres y te apetece escribir algo pero quizá no tienes tiempo para una novela, o sencillamente como una actividad para mejorar. Ya sabéis, la práctica hace al maestro.

Pues bien, aquí os dejo uno de esos relatos cortos realizados solo con el fin de mejorar y disfrutar de este placer que es escribir.

El calcetín rojo

Se pasó una hora buscando el calcetín rojo, sabía que era un estupidez pero era su gran día. Tenía esa reunión tan importante y ese calcetín era su superstición, su apoyo. Rebuscó por todos y cada uno de los cajones de aquella diminuta casa sin éxito. Tuvo que darse por vencida, sacó el móvil del bolso dispuesta a mandarle un mensaje a James, quizá él lo había visto. Le daba vergüenza admitirlo, pero estaba preocupada por haberlo perdido. Mensaje enviado, como de costumbre, él no tendría cobertura hasta que llegará del trabajo.

Constantemente se reprochaba no haber cambiado de compañía telefónica, se pasaba ocho horas del día prácticamente incomunicado, sin saber nada de ella. Todo estaba relacionado con aquella zona del pueblo, lo odiaba, demasiado alejado de todo hasta de la puñetera señal, pero sobre todo de ella.

Las horas pasaron lentas, intranquilo por no poder desearle suerte o animarla si la reunión no iba como ella había imaginado. Sin embargo, ella sabía el motivo, para cuando llegara a la casa que compartían, estaría esperándolo, y podrían afrontar las noticias juntos.

Se extrañó de no encontrar su coche por fuera del piso, seguro que todo había ido bien y estaría celebrándolo con algunas amigas. El sonido de los mensajes y llamadas entrantes lo sacaron de sus pensamientos, era extraño demasiados.

En ese preciso instante, recibió otra llamada, descolgó el teléfono y saludó a su suegra con alegría. Ese sentimiento se evaporó en cuanto averiguó el por qué de la insistencia en dar con él.

Se quedó unos segundos sin saber qué hacer, ni a dónde ir, aguantando un llanto que necesitaba liberar. Tan solo miraba la puerta de la que hasta ese maldito momento había sido su hogar, ya no la veía igual. Tuvo que entrar, necesitaba ducharse y ocuparse de lo inevitable en una situación así.

Entró otro mensaje, el último, donde le preguntaba por el calcetín y le decía cuanto le quería. Lo leyó paralizado delante de la puerta de su habitación, apartó la vista y se fijó en un pedacito de tela roja que sobresalía debajo de una de las patas de la cama. Ahí estaba el calcetín, su calcetín, lo agarró con fuerza contra su pecho y se dejó caer sobre la cama.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s